30 abr. 2012

Nocturno en otro cuerpo III


Cierro la puerta y no miro. Atrás quedás vos y yo como sombras junto al árbol de navidad que armamos por primera vez en nuestra primera casa. Metí pocas cosas en la mochila además del gato que no maúlla porque sabe que ahora vamos a estar los dos solos.

Sé que quedó el puzle por armar. Me habías perdido dos piezas y ahí empezó todo. Tuvimos que mover los muebles, desarmar la casa, expulsarnos, revolver la basura y el polvo de abajo de la cama. Y estabas con las piezas en la mano, pero yo no te vi. Yo me olvidé de las piezas perdidas.

Y cerré la puerta y tiré la llave. Y corrí un poco por si me salías a buscar y me cinchabas de la mochila. Pero no saliste, ni siquiera a buscar la llave, ni a despedirte del gato. Te habrás ido a terminar de armar el puzle vos, porque siempre quisiste robarme esos momentos de terminar una obra. Y cuando saliste seguro yo ya estaba lejos. Ya estaba en otra casa. Estaba en otra cama comiendo con otros platos comida de otras personas. Y el gato se adaptó bien. No lloró ninguna noche.     

28 abr. 2012

Una pasión




Ahorrarse comentarios sobre el audio y el canturreo en inglés. 
Es solo felicidad.

***

26 abr. 2012

Nocturno en otro cuerpo II


Tu cuerpo y el mío son iguales. Las mismas marcas. El mismo tiempo. Por eso ni nos miramos. Basta con abrir la puerta y entrar.

Pero hoy pusiste espejos por toda la casa. Querías que fuéramos más. Que nos multiplicara la mirada porque la cama vacía te asusta. Nos asusta. Porque las caricias de cuatro manos son pocas y preferís la multitud. Yo no voy a protestar. Ya lo habíamos acordado. Por eso me preparé y puse en la mochila todo lo que tenía en mi casa.

Solo te pido que prendas la luz de la lámpara que te regalé hace mucho tiempo, cuando nos queríamos. Me trae recuerdos y a los gatos les gusta. Busco la primera alfombra y me recuesto. Me miro mi cuerpo acostado en el piso. Mis múltiples manos. Mis reflejos que se pierden.

Estás calentando el agua que no termina de hervir. Me gritás desde lejos que ya va, que busque algo para hacer y no se me ocurre nada. Los gatos están dormidos y no se dieron cuenta de que ya llegué, que yo no vivo con ellos. Voy al baño a ver cómo está todo. Pienso que cambiaste la cortina porque venía yo. Abro el botiquín para ver las pastillas. El interior del botiquín me muestra sus problemas ocultos. Sus secretos. Sus miedos. Sus enfermedades. Agarro algún frasco para probar. Si son verdes las tomo, pienso.

Vuelvo al comedor y estamos los gatos y todos mis yo. Ya no se escucha el agua hirviendo.     

21 abr. 2012

Nocturno en otro cuerpo I

se escapa en la noche.
la mirada felina.
nunca pudo dejarme una notita
que no fuera un poema.
nunca me dio un beso
de despedida.

se escapa en la noche
sus última palabras
que no sé si sueño 
o escucho 
o se me olvidan.
mi mirada canina.

no quiero que se vaya
entre las sombras.
no quiero que se olvide
al cruzar el portón.

hoy no le escondí la llave
y tomé varias pastillas.
hoy se me abrió
una grieta tan adentro
que por ahí se me escapó todo.

la mirada gato entre las hojas.
la mirada perro merodeando la basura.
los huesos de la noche.
la lengua que lame en busca de calor
de sudor salado de un cuerpo que duerme.
los versos en la mesa
que dejan los pasos 
de sombra
en la noche 
de de invierno
que ya no fue.





7 abr. 2012

dorsum


I 

me falta un poema
me falta el poema que te nombre
no lo puedo escribir
no te puedo decir
no encuentro las palabras
no recuerdo tu nombre
ni el mío
me falta un poema que no quiero escribir

II

Camino hasta el hotel en el que una vez me dejaste. Tiene los vidrios rotos y las paredes descascaradas. Ya no queda nada alrededor. Solo un auto.
Decido entrar. Habitación 303.
La cama está sin hacer. Las lámparas caídas. La luz del baño encendida.
Una toalla y ropa interior, sucia, en el suelo.
Me acerco. La toco. Aún conserva la humedad.
Recuerdo tus manos secándome y tu mirada diciéndome que va a ser la última vez.

III

De noche creo escucharte decir algo sobre amor y soledad. Me envuelvo en las sábanas blancas y huyo. Corro por calles sucias y mal iluminadas.
Encuentro, acostado, a un vagabundo. Sucio. Oloroso.
Grito tu nombre tres veces. Me acuesto a su lado; lo abrazo; le hago el amor. Comienzo a cantar aquella canción de cuna que susurrabas, cuando te fuiste.


IV

Ayer estuve con otro hombre. Tenía tu mismo pelo. Me miraba con los mismos ojos que vos me mirás. Me besó con tus labios. Toqué tu piel en el cuerpo de aquel otro hombre.
No pude estar contigo.
No pude besarlo a él.


V

Me voy porque quise irme
porque no soporté más
porque me perdí
porque te perdí
porque me soltaste
porque mordí la cadena que me ataba hasta despedazarme los dientes
porque la comida del vecino es mejor
porque el vecino huele mejor
porque tus caricias ya me dejan heridas
porque dejaste el portón mal cerrado
y me escapé.


[2011] 






5 abr. 2012

A la Gata muerta

El día de mi cumpleaños amaneció muerta.
Yo también soy gato. 
Si no es un presagio,
me cago en la muerte
y en las casualidades.

Ese día también la enterramos.
Y como cuando nací,
la lluvia se encargó de limpiar las cagadas.
De los médicos y veterinarios.


 

2 abr. 2012

La insoportable levedad de cumplir años

Si recorremos la literatura consagrada y la entrañable sabiduría popular, nos vamos a enfrentar a incontables metáforas que refieren a todo lo que uno pierde mientras avanza el irrefrenable tiempo. Quevedo dice "vencida de la edad sentí mi espada". Virgilio, conocedor de los tópicos, ya sentenciaba Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus,singula dum capti circumvectamur amore. También está dicho: "en la mocedad todo es flores; en la vejez, dolores". Guillén, que supo como muchos españoles cantarle al tiempo, comienza un poema diciendo: "Pasa el tiempo y suspiro porque paso,/aunque yo quede en mí, que sabe y cuenta,/y no con el reloj, su marcha lenta/nunca es la mía bajo el cielo raso". 
Juglares contemporáneos advierten sobre desperdiciar el tiempo y correr detrás de él sin alcanzarlo: And then one day you find ten years have got behind you/ no one told you when to run, you missed the starting gun.
Pero luego de leer el poema de Silvina Ocampo, me pregunto, ¿cómo haré de aquí en adelante para sonreír en la foto de soplada de velitas?

Envejecer también es cruzar un mar de humillaciones cada día;
es mirar a la víctima de lejos, con una perspectiva
que en lugar de disminuir los detalles los agranda.
Envejecer es no poder olvidar lo que se olvida.
Envejecer transforma a una víctima en victimario.



Siempre pensé que las edades son todas crueles,
y que se compensan o tendrían que compensarse
las unas con las otras. ¿De qué me sirvió pensar de este modo?
Espero una revelación. ¿Por qué será que un árbol
embellece envejeciendo? Y un hombre espera redimirse
sólo con los despojos de la juventud.



Nunca pensé que envejecer fuera el más arduo de los ejercicios,
una suerte de acrobacia que es un peligro para el corazón.
Todo disfraz repugna al que lo lleva. La vejez
es un disfraz con aditamentos inútiles.
Si los viejos parecen disfrazados, los niños también.
Esas edades carecen de naturalidad. Nadie acepta
ser viejo porque nadie sabe serlo,
como un árbol o como una piedra preciosa.



Soñaba con ser vieja para tener tiempo para muchas cosas.
No quería ser joven, porque perdía el tiempo en amar solamente.
Ahora pierdo más tiempo que nunca en amar,
porque todo lo que hago lo hago doblemente.
El tiempo transcurrido nos arrincona; nos parece
que lo que quedó atrás tiene más realidad
para reducir el presente a un interesante precipicio.


Es cierto que podría encontrar poemas y refranes sobre "envejecer feliz" o "envejecimiento saludable". Y la experiencia y la felicidad y el vino que se pone mejor o como dice el refrán alemán "Los árboles más viejos dan los frutos más dulces" o la pelotudez de Cicerón (con el respeto que me merecen los clásicos): "No puede haber cosa más alegre y feliz que la vejez pertrechada con los estudios y experiencias de la juventud".
Nadie se cree eso.
De todas maneras, como persona vulgar que soy, este miércoles voy a esperar las más sinceras felicitaciones por mi acercamiento progresivo hacia la muerte. Y voy a seguir acumulando objetos, fama, y todo aquello que Manrique enumeró muy bien, para hacernos sentir como la mierda cuando lleguemos "al mar que es el morir" (por si no quedaba clara la metáfora de los ríos). 
Y también voy a festejar ser más vieja, más arrugada, más fea, porque ya lo dijo el gran poeta popular argentino Alejandro Lerner que se ve que ya tenía una novia bastante feuchona: "Cuando la belleza pase/será bella tu mirada/será bella tu sonrisa/y las noches serán claras (...) cada beso y cada abrazo/será un grito de belleza/serás bella en mi conciencia (...) serás bella por dentro/bella en el alma/y en el fondo de mi corazón". Es decir, por fin voy a ser buena persona. 
Tal parece que el problema en todo esto viene a ser la muerte. Pero eso no nos ha privado de mandarnos terribles fiestas de cumpleaños, principalmente en esta sociedad fiestera en donde se festeja con pompa el primer año de vida por ser el primero, los cinco porque es un lindo número, los diez porque es un año redondo, los quince porque ya nadie sabe por qué pero es tradición y viene bien para chupar salvo-que-la-guacha-de-mierda-me-pida-el-viaje-o-las-tetas, los dieciocho porque somos adultos, los veinticinco porque estamos en la mitad de algo y además es un buen número, en mi caso ahora voy a festejar los veintiséis porque se me da la gana, los treinta porque somos "adultos" de verdad, los cuarenta porque somos unos viejos de mierda que no nos creemos tan viejos, los cincuenta porque "son cincuenta añitos que no se cumplen todos los días" y porque ya empezás a agradecer a cumplir tanto años, y de ahí no parás porque cada año puede ser el último, aunque ahora con la esperanza de vida este festejo se tendría que pasar para los setenta. Hasta que festejamos el cumple 100 de la abuela, porque ese "sí que merece festejo".
En definitiva, no terminamos de darnos cuenta como dice Fernando de Rojas, que "nadie es tan viejo que no pueda vivir un año más, ni tan mozo que hoy no pudiese morir". 

Así que, ¡feliz cumpleaños a mí!

Salú!

***