10 mar. 2013

Cada tanto










Cada tanto debo volver a tu cuerpo. Cada tanto debo permitirle al recuerdo abrir esa puerta clausurada, cerrada con doble tranca y candado. Cada tanto me permito recorrer nuestro tiempo juntos. Visitar los lugares que me vieron. Cada tanto golpeás desde el otro lado de la puerta. Golpeás fuerte, para que te escuche. Gritás mi nombre completo, te asomás por una ventanita que dejé por las dudas, que solo se abre por fuera. Una ventana por la que seguro me espiás y cerrás con ademanes ofendidos cuando me paseo por ahí desnuda acompañada de otros cuerpos, algunos que ni siquiera saben de tu existencia. Que ni miran para la puerta cerrada. A veces quiero perder la llave y así poder tener una excusa para no volver a abrirte, pero hice copias que fui guardando por toda la casa. A veces pienso que no voy a verte asomar más la cabeza por la ventana y paso días enteros mirando hasta que aparezcas. Otras veces no aparecés. Otras veces te ocultás y me escuchás llorar, porque la puerta no es buena aislando los sonidos, y también llorás del otro lado porque te escucho. Y cada tanto nos quedamos así, lágrima contra lágrima, hasta que alguno se duerme y todo vuelve a ser como antes, sin serlo.