26 jul. 2012

Nocturno en otro cuerpo XXV


Estoy en una casa inmensa. Blanca por todos lados. Inmaculada. Fría. Tiene una escalera monumental. Si no supiera que es mía pensaría que es un palacio. La puerta principal es de madera. Tiene pestillos dorados. La mirilla parece un telescopio. Hace horas que estoy parada frente a ella y no me animo a mirar. Primero toco su madera lisa y fuerte. Es lo único cálido de la casa. Detrás de mí no hay nada. Pero igual no me animo a mirar. Me siento como entre dos paredes. Sé que la única solución es abrir la puerta. Afuera es de noche y llueve. Recuerdo el tatuaje que tengo en mi pierna derecha. Es una llave de oro con una cinta roja. Esa es la llave que abre la puerta. Me froto con intensidad la pierna para ver si sale. Me duele. Si tuviera un cuchillo sería más fácil. Hasta que un ruido metálico suena contra el piso de cerámica blanca y retumba en toda la casa. Miro. Está ahí. Poner la llave siempre me resultó un acto casi pornográfico. Me empieza a sudar la mano. Gotea de manera incansable. El agua me llega a las rodillas. Casi ya no puedo respirar. Pongo la llave. Giro lentamente y el agua se va.   

19 jul. 2012

Apuntes sobre "Bicho bola" (Yaugurú, 2012) de Victoria Estol


El bicho bola o bolita o Armadillium vulgare, tiene la capacidad de enrollamiento, de cubrirse con su propia piel ante las amenazas, ante el miedo. Pasado el peligro, comienza a desdoblarse hacia mundo exterior lentamente, saca sus partes blandas y vulnerables para mostrar que sigue vivo y entero.
Este mismo recorrido parece hacer el primer libro de Victoria Estol: los primeros poemas giran gracias a la protección de un hermetismo defensivo que le permite darse contra todo; por eso el título de la sección, “Que me roce un tren”. Las imágenes más fuertes, rebasan esta primera parte del poemario, en la búsqueda de la metáfora protectora, de la cotidianeidad desbordante: “mastico tu carne, gusano/tallo tu hueso, termita/nado en tu sangre contradictoria”.
El sexo descarnado y descarado parece pegarle una patada en el pecho al amor, burlarse de la cursilería y los preámbulos amorosos: “… me acerco al novio y le toco el culo. Lo miro distraída y entro al baño. Me bajo la bombacha. Sé que él viene”. Pero también es una forma de prevenir el ataque de los “hombres bomba”, del “gran cogedor”, del gusano que se infiltra en la manzana para pudrirla. Por eso el bicho bola blindado y no la manzana vulnerable, penetrable.
Ya en la segunda sección, comienza la apertura, su oscuridad interior emerge para poblar las páginas, el poema. La amenaza fue neutralizada pero no evitada: “en la noche entran en tropa por mis rendijas/van directo al objetivo”. A la vez que crece, expande sus patas entintadas, y encuentra un nuevo refugio: la escritura. Debe escapar del caparazón para lograrlo y hurgar en los lugares indelebles y densos, como la noche: “me gusta ver animales muertos. los miro un rato y si su especie es bien lejana a la mía, agarro un palito y los hurgo. me gusta la intimidad muerta. tiene algo de infinito”.
La última parte del libro llamada “no está bien que te pique tanto el mismo bicho”, es la más metapoética del libro. En esta sección se alcanza a vislumbrar la existencia mínima de una cotidianeidad plena. El bicho bola ya no se encierra en sí mismo bajo el hermetismo violento, tampoco se metamorfosea en otros insectos cubiertos de tinta; ahora se mira a sí mismo en su pequeña realidad, despojado del caparazón, saca una a una sus patas para, ante todo, contemplarlas él mismo: “Hay días que nadie se sienta al lado mío en el ómnibus”; “tengo un nudo en la garganta/me lo trago/cae en picada por el esófago/pica en el estómago/rebota en las tripas//se acomoda despacio entre mis ovarios…”.
Es en esta conciencia de sí mismo inmerso en un mundo fabricado por sus propias percepciones, que emerge el arte poético: “estoy llena de excepciones”, esta expresión parece definir al poemario, a cada una de las palabras que lo conforman. Todo en él es extrañeza y normalidad. Porque la poesía en sí misma es excepción; como dice Olga Orozco: “La poesía puede presentarse al lector bajo la apariencia.de muchas encarnaciones diferentes, combinadas, antagónicas, simultáneas o totalmente aisladas, de acuerdo con la voz que convoca sus apariciones”.
“Escribo poemas minúsculos y los tiro al nuevo buzón de mi pared/a quien sea que esté ahí quiero explicarle mi falta de revoque”. Pero la poesía no tapa agujeros ni encuentra a su destinatario de manera inmediata. La poesía desnuda al que la escribe y le regala un vestido a quien la lee: “desnuda me siento vestida”; aunque la desnudez también pesa, “el disfraz de piel cae/mi adentro es un cabo de manzana en el aire”, y la oscuridad del espacio vacío llama: “soplo un beso desde la orilla/y vuelvo mar adentro/donde el silencio es latido/donde el delirio encausa//donde me habito”.
Pero la poesía es un viaje de “ida y vuelta”. Del interior del bicho bola al ombligo del que recibe los poemas. De aquel que acepta el desafío de naufragar en la desnudez. Comer de la manzana. Ser el gusano que se desliza y pudre. Que hace “foco” para ver lo que hay dentro. Y esperar.

16 jul. 2012

Nocturno en otro cuerpo XX


Hay muchos productos de limpieza encima de la mesa. Jabones de olores exóticos. Detergente para lavar los platos. Ceras. Shampoo para perros. Desinfectantes. Los empiezo a vaciar dentro de la bañera. El agua va adquiriendo diferentes colores: rojo, naranja, amarillo, marrón. El olor empieza a invadir toda la casa y mis pulmones. Me lloran los ojos. Me arden. Pero sigo volcando todos los frascos. Ahora la bañera queda de un color negruzco, espeso. Primero pongo el pie derecho y veo como la piel empieza a desintegrarse. Luego el pie izquierdo. Si me quedo un rato sumergida voy a desaparecer.

13 jul. 2012

Decálogo de las noches sin vos


1: Escribir tu nombre tres veces.

2: Mirarme en el espejo y odiarte.

3: Olvidarme de las llaves en tu casa.

4: Darle de comer al gato.

5: Llorar porque no estás.

6: Ver películas de amor hasta reventar.

7: Gritarle a la silla vacía de la mesa.

8: Cortar el pasto que creció en la cama.

9: Darle más comida al gato.

10: Escribir.

4 jul. 2012

Retorno

Es increíble como entre un post y el otro ha cambiado todo. Todo lo que me rodea, lo que queda, ha cambiado. Algunas personas están y otras se fueron. Yo también me fui. Desaparecí. Cambié de mascota y de vida.
La cola del gato tiene vida propia. 
El café con leche siempre me queda frío.
Y ahora que de verdad no estás, no puedo escribir soledad.