14 sept. 2013

Antes que se termine la batería

Suelo encontrar fenómenos desorbitantes y extraños en cualquier lado, a cualquier hora y de cualquier manera. Ellos se convierten en una fuente de misterio para mí. Ir caminando y encontrar pequeños muñecos (soldados, bailarinas, monitos) y convertirlos en la metáfora del momento. Piezas de puzle desparramadas por el mundo esperando a ser devueltas a su origen primigenio. Cartas de póquer, ocho de piques, cuatro de corazones, as de diamantes, todas tienen su significado y, por supuesto, su significante. A ningún fenómeno se le niega la posibilidad del ser. Reparto en todos una pizca de epifanía y otro poco de revelación. En cada uno de ellos, como encontrarse una moneda de $2 al salir de firmar un contrato, existe la posibilidad de verdad, la pequeña porción de absoluto que debe ser reabsorbida. Yo soy un pequeño detective que se va dejando deslumbrar por las pistas que surgen cuando menos se lo espera. Encontrarse con una persona en la calle que lleva su apellido; una hoja que cae del árbol en el preciso instante en que estoy pasando debajo de él; una serie de hormigas que se aparecen, como fantasmas oníricos, en diferentes lugares de la casa y del cuerpo; una pluma que vuela al estirar una remera; el libro que siempre tira el gato; la baldosa de forma extraña que siempre piso al bajar del ómnibus; las cartas misteriosas que algún ser querido envió a otro desparramadas por la vereda de mi casa; la mancha de humedad de un libro; la axiología de los números pares: 04+04=8; 1+9+8+6= 24; 2+4=6; 8+6=14 y que un mago en un bar lo adivine; el nacimiento espontáneo de una flor; la consecutividad de los números de los ómnibus o la particularidad numerológica que resulta de la suma de las matrículas de autos o los números de puerta de las casas.
De esta manera el universo se me vuelve un verdadero 'bosque de símbolos', y no por casualidad tengo un árbol tatuado, fui a una exposición con fotografías de árboles y me prestan un libro que tiene en la tapa un árbol. El símbolo es claro y se incorpora perfectamente a la categoría de símbolos naturales.
Porque algo que da orden para interpretar son las taxonomías. Es importante tener un claro sistema clasificatorio de los fenómenos, para luego reagruparlos en símbolos y así ir de a poco descubriendo la verdad del mundo. No es lo mismo la revelación espontánea de una estampita dentro de un libro que descubrir que el presidente tiene el mismo abrelatas que yo o que, al cruzar la calle, se aparezca apoyada en el borde de la vereda las fotos vacacionales de una familia perfecta.
De este modo se podrían establecer gráficos catafóricos. Sería posible establecer cuántas veces al mes encuentro un objeto extraño o se produce un fenómeno engañadoramente casuístico. Estos cálculos son sencillos y exactos, esta confiabilidad me permitió comprar estantes, cajones, álbum de fotografías y la cantidad suficiente de papel como para escribir todas las historias. 
Aunque parezca que por la calle voy oliendo flores o levantando cosas del piso, lo cierto es que pretendo descifrar un jeroglífico, mí jeroglífico. La predictibilidad del azar. El sueño realizado. El misterio fenomenológico. 






10 sept. 2013

Nocturno en la oscuridad

estás en la noche


te alejás



descubrís la forma de entrar



te abro 



ocupás un espacio







te alejás



descubrís la forma de irte



solo la luna



y una estrella



que te vio escapar