10 mar. 2014

III

Un río se descose por mis manos. Fluye limpio y calmo. Apenas un ruido de piedras asoma por la orilla. Desando todos los caminos. Descubro todos los velos. Corro las cortinas. El río crece. Lo cubre todo. No hay tiempo de llamar a nadie. No hay botes ni salvavidas. Abro las ventanas para que se inunde el mundo. Apenas sobreviven algunas hojas de los árboles más altos. Voy flotando suave sobre él. El agua se filtra por los poros. Comienzo a hincharme. A volverme agua, piedra, bosque. Todo es de un mismo color. Ya no hay olores ni animales. No queda nadie. Solo el río, el bosque y yo.