Llego a la casa. Me desnudo. Me voy sacando los bosques y los cansancios de encima. No prendo la luz. Me arrincono entre tu mirada y la pared. El gato también me mira. Tengo el cuerpo sucio. Los ríos se convocan en mi cuarto. Se ríen de mis manchas. De todavía andar cargando con tu mirada. Como si ya no tuviera con todas las fotos y los recuerdos. Temo que de repente aparezca tu voz. Recordar alguna de tus palabras. Quedar en evidencia frente al mundo que también me mira. Que también se ríe. Que me ahoga con un humo insmenso. Un humo que borra todo menos tu mirada que no se quiere ir. Que se va a ir a acostar conmigo. Otra noche sin dormir. Otra noche sin árboles. Otra noche sin el ruido que hacen las montañas cuando están cansadas. Otra noche sin sueños limpios en el que todos mueren. Porque ahora todos mueren. Menos vos.
24 abr 2014
16 abr 2014
IV
Todo era noche oscura. Yo era carne sin tiempo. Eternidad tibia. Me abrí al medio. Vi estrellas. Subí al techo y me acerqué a la luna. Alcanzó con el viento suave en la cara. Me olvidé de mis piernas y de los hijos que no tuve. Fui el animal de la noche. Viví en todos los rincones. Atravesé todos los cuerpos. Fui los sueños y el aliento de todos los animales. Me fui olvodando de quién era. Si alguna vez había tenido madre padre o abuela. Ya no pude hablar. A penas el polvo me acariciaba. Viví en la tierra en el agua y en las hojas de todos los árboles. Hasta que los cortaron.
10 mar 2014
III
Un río se descose por mis manos. Fluye limpio y calmo. Apenas un ruido de piedras asoma por la orilla. Desando todos los caminos. Descubro todos los velos. Corro las cortinas. El río crece. Lo cubre todo. No hay tiempo de llamar a nadie. No hay botes ni salvavidas. Abro las ventanas para que se inunde el mundo. Apenas sobreviven algunas hojas de los árboles más altos. Voy flotando suave sobre él. El agua se filtra por los poros. Comienzo a hincharme. A volverme agua, piedra, bosque. Todo es de un mismo color. Ya no hay olores ni animales. No queda nadie. Solo el río, el bosque y yo.
17 feb 2014
5 feb 2014
I
Tal vez fue el viento suave en la cara. Un pequeño soplo, una respiración insinuada detrás de la oreja. Tal vez fue el sol que entraba con fuerza por la ventana. Calentaba solo un espacio rectancular del cuarto. Lo más probable es que hayan sido esas risas de niños jugando en la calle que sentías a lo lejos. El sonido más lejano que podías escuchar. Casi un susurro o la voz que sale de la memoria. Todavía estás sentada en la cama y los pies siguen sin tocar el piso. Apenas se balancean. Apenas uno roza al otro. Mirás el rectángulo del sol. Cerrás sin querer los ojos. No querés volverlos a abrir. Sabés que ese detalle cambiará toda la historia.
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